¿Qué significa para los inversores la necesidad de mayor seguridad energética?

Junto a la tragedia humanitaria de la que estamos siendo testigos en Ucrania, la invasión rusa ha puesto de relieve la necesidad de un suministro energético estable y seguro. La escalada de los precios de la energía no solo ha amplificado las presiones inflacionarias existentes para unas economías que apenas habían empezado a recuperarse del golpe de la pandemia: el deseo creciente de los gobiernos occidentales de limitar las importaciones procedentes de Rusia ha planteado la cuestión de cómo acceder con rapidez a fuentes fiables de energía alternativas.

La pugna de los países en busca de suministro energético fiable está elevando los temores de que la transición desde los combustibles fósiles hacia las fuentes renovables se vea frenada o incluso anulada. Así, ¿tiene futuro la energía verde en época de guerra? ¿Y cómo deberían responder los inversores?

Europa y su dependencia energética de Rusia
El conflicto en Ucrania ha puesto de relieve el vínculo entre el cambio climático, la seguridad nacional y la dependencia energética. Europa recibe de Rusia en torno a un 40% de su gas (a través de gasoductos que en ciertos casos atraviesan Ucrania) y cerca de un 25% de su suministro de petróleo crudo1. El riesgo de disrupciones serias del abastecimiento de gas y petróleo han hecho que sus precios se disparen, lo cual ha creado un gran malestar en toda Europa en torno a las implicaciones de su dependencia energética.

Otros países también importan energía de Rusia, pero a niveles muy inferiores. Esto permite al Reino Unido y a Estados Unidos, por ejemplo, incluir una suspensión de las importaciones de energía en sus sanciones económicas a Rusia.

Aunque la dependencia del combustible ruso deja a Europa en una situación vulnerable, la UE ha anunciado planes de recortar las importaciones de gas ruso en dos tercios en el plazo de un año en un intento de reducir dicha dependencia.

¿Un giro acelerado hacia fuentes de energía verdes?
Pese al entorno geopolítico, la demanda elevada de energía significa que los países deberán llenar este hueco con rapidez. ¿Cómo lograrlo?

Muchos países han anunciado planes de acelerar sus transiciones hacia la energía verde. Alemania, tomando una medida histórica, ha reavivado su calendario de transición adelantando 15 años su objetivo de 100% de renovables a 2035, alineándolo de este modo con los de Estados Unidos y el Reino Unido. El gobierno alemán también se propone lograr que el 80% de su generación de energía proceda de fuentes renovables de aquí a 2030, lo cual se logrará mediante parques de eólica terrestre que generarán 10 GW anuales a partir de 2027 (frente a apenas 2 GW hace un año) e instalaciones solares que generarán 20 GW adicionales desde 2028 (frente a 5 GW hace un año). Además, el nuevo gabinete se propone recortar drásticamente el plazo de los permisos de energía eólica terrestre, lo cual hasta la fecha ha supuesto una barrera significativa al crecimiento de las renovables.

El nuevo plan de energía de la UE también se propone impulsar la generación de energía renovable y recortar la demanda a través de medidas de eficiencia, si bien reconoce que el bloque también tratará de importar más gas natural licuado (GNL) y que podría verse obligado a quemar carbón durante más tiempo de lo previsto.

En busca de soluciones a corto plazo en combustibles fósiles
No obstante, construir una infraestructura energética más verde llevará tiempo. Así, la UE no es la única región en considerar una expansión de su consumo de combustibles fósiles para solucionar los problemas de suministro a corto plazo. Se está animando a los productores mundiales de combustible (excepto Rusia) a elevar el suministro. Al mismo tiempo, comienza a debatirse la suspensión de sanciones sobre el crudo de Irán y Venezuela, y varios países están liberando existencias estratégicas de combustibles.

Además, se espera que los productores estadounidenses de petróleo de esquisto proporcionen suministro a corto plazo, y en el Reino Unido, los esfuerzos para elevar la autosuficiencia han conducido a llamamientos a elevar la producción de gas y petróleo en el Mar del Norte, y a relajar las restricciones sobre la fracturación hidráulica (fracking).

El impacto deflacionario de las renovables
Ante la subida de la inflación a nivel mundial, la capacidad de la energía verde para ayudar a reducir los precios de la electricidad no puede ignorarse. Los precios del gas y del petróleo no dejan de acercarse o incluso superar máximos históricos, mientras que las renovables (sobre todo la eólica y la solar) son fuentes baratas: el viento y el sol no cobran por unidades adicionales de energía, el coste de producir electricidad de estas fuentes ha disminuido considerablemente, y su eficiencia ha aumentado de forma significativa. Este aspecto deflacionario de las renovables contrasta marcadamente con los combustibles fósiles; el precio del petróleo, por ejemplo, ha subido aproximadamente treinta veces desde 19702.

En su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Congreso, el presidente Biden defendió la idea de que combatir el cambio climático se traducirá en ahorro en energía para los hogares estadounidenses. Se comprometió a “proporcionar inversiones y créditos fiscales para elevar la eficiencia energética de sus casas y sus negocios y obtener un crédito fiscal”, y a “doblar la producción de energía limpia del país en los segmentos solar, eólico y muchos más. También reduciremos el precio de los vehículos eléctricos, ahorrándoles otros 80 dólares al mes que ya no tendrán que pagar en la gasolinera”.

Escasez de vehículos eléctricos
Entretanto, los consumidores reconocen el potencial de ahorro de la energía verde. A la luz del encarecimiento de los combustibles tradicionales, la demanda de vehículos eléctricos (VE) ha aumentado de forma espectacular. En febrero de 2022, los registros de coches eléctricos enchufables en el Reino Unido registraron una subida del 127% en tasa interanual, y representaron más de un 25% de las ventas totales de coches en dicho mes3.

Varios grandes fabricantes de automoción han anunciado planes de acelerar su producción de VE, y el principal productor de este segmento ha recibido luz verde para construir su primera fábrica de coches y baterías en Europa4.

Desgraciadamente, el hecho de que más consumidores estén reconociendo de repente el atractivo de los VE significa que la demanda supera la oferta. Al mismo tiempo, las existencias son especialmente bajas, dado que la producción de VE se ha visto afectada por la escasez global de semiconductores y por los retrasos de transporte de mercancías. Algunas empresas han dejado de aceptar nuevos pedidos, mientras que otros modelos populares tienen plazos de espera de hasta un año.

Menos palabras y más acción
Aunque los temores actuales en torno al suministro están devolviendo la atención de los gobiernos hacia los combustibles fósiles en el corto plazo, la situación en Ucrania presenta un nuevo catalizador para la descarbonización, digitalización y potenciación urgentes del sistema energético global. En lugar de sopesar meramente los retos medioambientales, el mundo ha abierto los ojos a unos riesgos geopolíticos significativos y más amplios, y al impacto que estos pueden tener para todo el planeta.

La mejor carta que pueden jugar los países para lograr la independencia energética es intensificar su producción de energía verde, pero esto requiere más que mera retórica y planificación a largo plazo. Los proyectos de infraestructura de renovables tienen que comenzar ahora, y todo plan debe tener en cuenta los cambios en la estructura geopolítica a nivel mundial. En definitiva, el mundo tiene que hacer más, y con mayor rapidez.

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2 Bloomberg

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