COP 15: ¿Podemos conseguir un planeta más sano… comiendo?

Sorprendentemente, pocas personas saben que en realidad se celebraron dos eventos COP importantes en 2021. Mientras que la COP 6 de Glasgow acaparaba la atención de todos los medios de comunicación, la COP15 se celebró discretamente en la ciudad china de Kunming. Esta última conferencia, menos conocida, se centró en la biodiversidad y consideró cómo podemos conservar los recursos naturales de la Tierra de manera más justa y sostenible.

La biodiversidad reviste una importancia crucial para la salud futura del planeta, pero cuidar los ecosistemas (en especial los bosques y los océanos) también es esencial para la lucha contra el cambio climático, dado su papel fundamental como sumideros de carbono. En este contexto, ¿por qué se analizan de forma independiente estas causas tan importantes? La Secretaria Ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica admite que el cambio climático y la biodiversidad “son dos crisis interrelacionadas que deberían abordarse juntas”.1

Johan Rockstrom, un científico que goza de un gran reconocimiento internacional en temas de sostenibilidad global, se muestra de acuerdo. Durante su intervención en el Simposio de Inversión Anual de BNP Paribas Asset Management en 2021, el profesor Rockstrom destacó la importancia de una transición en el sistema alimentario mundial para lograr los objetivos de neutralidad de carbono, y en particular el de limitar el calentamiento global a 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales. Pero, ¿puede una transformación de la cadena trófica solucionar realmente el cambio climático? ¿Y qué implicaría esto y cómo afectaría a los inversores?

Cómo abordar una cadena alimentaria insostenible
Aunque gran parte de la lucha contra el cambio climático se ha centrado en limpiar las emisiones de energía, el sistema agrícola y alimentario mundial es responsable del 31% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) causadas por el hombre2 . De esta cifra total, alrededor de la mitad procede de granjas, una cuarta parte se debe al cambio de uso de la tierra y una tercera parte se origina en los procesos de las cadenas de suministro3.

La forma en que producimos alimentos no solo intensifica el cambio climático, sino que también pone en peligro otros límites planetarios (las fronteras medioambientales dentro de las cuales la humanidad puede operar de manera segura), como por ejemplo la biodiversidad, el uso de la tierra y el abuso de productos bioquímicos. El profesor Rockstrom cree que, durante la próxima década, una revolución en la forma en que producimos alimentos podría ser la solución a muchos desafíos a los que se enfrenta el planeta. “Existen pruebas de que una transición global del sistema alimentario actual a uno más sostenible nos brindará una excelente oportunidad de volver a un espacio operativo seguro dentro de los límites planetarios y evitar abocar el sistema a una senda irreversible”, afirma.

Arreglar el sistema alimentario: más que cambio climático
El sistema alimentario suele ser la primera víctima de desastres climáticos como las inundaciones, los incendios o las sequías. Básicamente, es víctima de sus propios impactos negativos. Sin embargo, abordar la insostenibilidad de la cadena trófica es tan fundamental para el cambio climático como para la supervivencia de la humanidad.

La seguridad alimentaria es precaria, sobre todo en el mundo emergente y en el contexto de una población creciente. Estudios recientes sugieren que el actual sistema alimentario solo puede dar de comer a 3.400 millones de personas si se quieren mantener los límites planetarios4. No obstante, la población mundial ya se halla en 7.800 millones de personas y se prevé que alcanzará los 10.000 millones de aquí a 20505, lo cual significa que ya hemos superado el punto de inflexión del suministro alimenticio sostenible.

Es posible que el sistema alimentario actual esté relacionado con la reciente crisis sanitaria. La frecuencia de enfermedades virales zoonóticas se ha atribuido de forma directa a la expansión de la agricultura a hábitats medioambientales previamente intactos6.

Además, la inflación de los alimentos aumenta al mismo tiempo que su fiabilidad disminuye, lo cual podría perjudicar más si cabe a quienes tienen mayor necesidad de una buena nutrición. Algo tiene que cambiar.

Hacia una dieta planetaria
El primer reto que afrontamos es cambiar los hábitos alimentarios de la humanidad.

El problema no estriba solamente en el volumen de comida que consumimos: el tipo de alimentos que comemos también está poniendo al límite los recursos naturales y económicos. Una dieta y una nutrición deficientes están íntimamente relacionadas con enfermedades como la hipertensión, el cáncer y la diabetes, lo cual aumenta la presión sobre los servicios sanitarios a nivel mundial y el coste de los mismos. Dicho esto, también se ha demostrado que la desnutrición representa un lastre significativo para el PIB, debido a los altos niveles de absentismo laboral y a la baja productividad que conlleva.

Adoptar una dieta más saludable no solo añadiría valor a la economía global, sino que también aumentaría la fuerza laboral mundial, ya que habría menos personas enfermas y muertes prematuras. El profesor Rockstrom sugiere que pasar a una dieta mediterránea o flexitariana (lo cual implica reducir la ingesta de carne roja y aumentar el consumo de frutas y frutos secos) sería positivo tanto para la salud del ser humano como del planeta: todos ganaríamos.

Estamos moviéndonos en la dirección correcta, aunque con lentitud: la tendencia hacia el flexitarianismo gana terreno. Por ejemplo, los “lunes verdes” son una iniciativa de las redes sociales en la que las personas se comprometen a no comer carne el primer día de la semana para lograr una dieta más sostenible.

La agricultura inteligente
No solo debe cambiar qué comemos y cómo: la forma en que cultivamos los alimentos también es insostenible y dañina para el medio ambiente. En la actualidad, la mitad de toda la tierra habitable se utiliza para la agricultura, y por consiguiente es responsable de un porcentaje significativo de las emisiones de GEI.

El suelo y la tierra tienen potencial de contener más carbono que la atmósfera y la vida vegetal de la Tierra combinadas, con lo que tenemos delante una solución increíble si la sabemos aprovechar. Aun así, las prácticas agrícolas comerciales están erosionando este potencial con rapidez. Ya se ha perdido un tercio de la capa superior del suelo y, si continuamos con estas prácticas, es posible que solo nos queden entre 30 y 40 cosechas.

El paso a métodos de agricultura orgánica y la eliminación de pesticidas dañinos podrían cambiar este desenlace de manera significativa. En Francia, un experimento ha demostrado que aumentar la materia orgánica en un 0,4% puede alterar de manera drástica la curva de emisiones de carbono7.

El uso de invernaderos controlados también ha demostrado tener impacto: pueden multiplicar por 30 el rendimiento usando un 90% menos de agua (que puede sacarse del agua pluvial, en lugar de depender de fuentes de agua potable). Es importante señalar que también pueden ubicarse cerca de las poblaciones (reduciendo la necesidad de transportar alimentos) y que el modelo es repetible, con lo que podría replicarse en todo el mundo.

Tecnologías como la recolección robótica, el aprendizaje automático y los sensores también están mejorando la eficiencia agrícola. Debe alentarse y apoyarse en todo el mundo la adopción de estos sistemas y la de otras prácticas más sostenibles.

Dialogando con las empresas para concienciarlas
A diferencia del cambio climático, un área en la que muchos sectores todavía buscan nuevas tecnologías que los ayuden a descarbonizarse, ya existen soluciones para ayudar a construir una cadena alimentaria más sostenible. Sin embargo, la concienciación en torno a lo apremiante que es este problema aún dista de estar generalizada.

La segunda fase de la cumbre de la COP15 tendrá lugar en mayo del presente año. Esta vez, el evento debe tomar ejemplo de la COP26 a nivel de publicidad, para garantizar que la biodiversidad, la alimentación y la salud gozan del reconocimiento necesario para lograr el cambio.

La comunidad inversora también puede jugar su papel en este ámbito. Como ocurre con todo cambio transformador, habrá enormes oportunidades de inversión relacionadas con este tema. Sin embargo, los inversores también pueden usar su influencia para desafiar al mundo empresarial a cambiar sus prácticas, como ya sucede con la descarbonización.

En BNP Paribas Asset Management, utilizamos el activismo corporativo para educar, concienciar, fomentar la transparencia y promover la adopción de estándares alimentarios sostenibles. También abogamos por una mayor política pública que regule los estándares alimentarios, introduzca impuestos que fomenten opciones de alimentos más saludables e imponga un etiquetado de alimentos más efectivo.

Por último, a través de nuestras estrategias medioambientales, invertimos en aquellas empresas que ofrecen las soluciones necesarias para el desafío de la alimentación sostenible. Esto no solo brindará a nuestros clientes una mayor variedad de oportunidades para influir y lograr cambios reales, sino que también les permitirá beneficiarse del potencial de crecimiento de estas compañías innovadoras.

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