EE. UU. y China: la diplomacia ha vuelto, pero… ¿funcionará?

En el sexto mes de su mandato, el presidente Joe Biden realizó su primer viaje al extranjero. Con un calendario abarrotado que incluía las cumbres del G7 y de la OTAN, su intención era reestablecer las relaciones diplomáticas con sus aliados occidentales tras las tensiones de la era Trump. No obstante, en una línea más parecida a la de su predecesor, Biden también dirigió palabras duras a China sobre sus ambiciones de liderazgo global y para reafirmar su posición como líder del mundo libre.

Pese a la convicción con la que afirmó que “la diplomacia ha vuelto”1, ¿logró Biden persuadir a sus aliados para cerrar filas en torno a Estados Unidos en sus esfuerzos para limitar el predominio del gigante asiático? En un mundo tan globalizado como el actual, cabe preguntarse si ello es posible; al fin y al cabo, sin la colaboración de China, la doble lucha contra la pandemia y el cambio climático será todavía más ardua. En este contexto, ¿qué significaría una mayor tensión entre Occidente y China para los inversores?

El G7 desafía a China
En la Declaración de Carbis Bay, los países del G7 manifestaron su voluntad de poner fin a la pandemia y sus planes para “reconstruir mejor”. No obstante, el documento también se concentra en reconocer “la particular responsabilidad de los países y economías más grandes de adherirse al sistema normativo y a la legislación internacionales” y en su intención de hacer frente a “políticas y prácticas ajenas al mercado que debilitan el funcionamiento justo y transparente de la economía global”, comentarios que aludieron directamente a China2.

El G7 también emplazó a China “a respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales”3, poniendo énfasis tanto en Xinjiang como en Hong Kong. Estas palabras no solo ponen de relieve las diferencias ideológicas entre Washington y Pekín (democracia frente a autocracia), sino que también revelan la determinación de Biden a la hora de movilizar al G7 (y a otras naciones receptivas) a hacer frente al poderío de China.

La OTAN endurece su postura frente a China
La cumbre de la OTAN estuvo marcada por el malestar en torno a las crecientes ambiciones militares de China. El país asiático tiene la mayor flota del mundo, y sus operaciones militares conjuntas con Rusia no se han visto con buenos ojos. Como en la Declaración del G7, el comunicado oficial de la OTAN mostró un endurecimiento de su postura frente a China, calificándola de riesgo para la seguridad y pidiendo a sus autoridades que “cumplan con sus compromisos internacionales y actúen de forma responsable… en línea con su papel como potencia mundial”.4 Dicho esto, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, trató de suavizar estas palabras insistiendo que China no debería considerarse como un “adversario”5.
La irritación de China
China no tardó en denunciar las declaraciones del G7 y de la OTAN, calificándolas de difamatorias e intentando minimizar el poder de estas instituciones occidentales afirmando que “la época en que las decisiones globales eran dictadas por un pequeño grupo de países quedó atrás hace mucho tiempo”6.

Un desarrollo significativo fue la incursión de aviones de combate chinos en la zona de identificación de defensa aérea de Taiwán el 15 de junio. No está claro hasta qué punto esto debería interpretarse como un mensaje del descontento de China con lo que percibe como la interferencia de Occidente con su autoridad (que incluye su postura sobre Taiwán) o como una demostración oportuna de su poderío militar, pero implica que las relaciones entre China y Occidente seguirán siendo tensas.

¿Respaldan los aliados de EE. UU. la postura firme de Biden?
Pese a su evidente deleite al reunirse en persona con el presidente Biden, los líderes de los demás países del G7 se mostraron notablemente más cautos en sus referencias directas a China. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, hizo hincapié en la necesidad de que Europa mantenga su “independencia en lo que respecta a nuestra estrategia frente a China”.7 Por su parte, el primer ministro británico, Boris Johnson, no mencionó a China directamente durante su declaración final y afirmó no creer que “ninguno de aquí presentes desee volver a una nueva Guerra Fría con China”8.

Dado el creciente predominio de China en el comercio global, no sorprende que estos países se mostraran reacios a expresar críticas demasiado duras. El año pasado, las autoridades chinas no tardaron en responder a la petición de Australia de una investigación independiente en torno al coronavirus suspendiendo sus importaciones de varias materias primas australianas. La necesidad de mantener relaciones cordiales con China también es crucial para las ambiciones del G7 para combatir tanto el cambio climático como la pandemia.

La contribución de China al cambio climático
Hoy en día, China es el mayor emisor de gases de efecto invernadero (GEI), con un 27% de las emisiones globales (frente al 11% de los Estados Unidos, el segundo emisor a nivel mundial)9. Por consiguiente, no tiene sentido ignorar la contribución de China al cambio climático.

El gigante asiático, no obstante, comienza a asumir sus responsabilidades a este respecto. Además de comprometerse a reducir sus emisiones y alcanzar la neutralidad de carbono de cara a 2060, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (que ha respaldado la infraestructura de países en vías de desarrollo) ya ha iniciado proyectos verdes en muchos mercados emergentes.

El compromiso del G7 de “reconstruir mejor para el mundo” trata de retar a China en este ámbito ofreciendo un modelo financiero y de infraestructura apuntalado por una mayor transparencia y criterios medioambientales más estrictos. No obstante, el grupo no llegó a ponerse de acuerdo sobre cómo financiar tal iniciativa o lo que implicaría, con lo que hoy en día no es más que una mera declaración de intenciones.

Vacilación en torno a las vacunas
La voluntad del G7 para poner fin a la pandemia llevó a sus líderes a comprometerse a donar mil millones de dosis de vacunas a los países pobres. Pese a lo necesario de este compromiso, podría decirse que llega muy tarde y que no satisface la enorme necesidad de vacunas para proteger a los países más pobres del planeta. Esta vacilación por parte del G7 abre la puerta a China para ayudar a cerrar la brecha con su propia vacuna.

En última instancia, tanto el cambio climático como la pandemia brindan a China una oportunidad para perfilarse como un líder global benigno, precisamente la posición que Biden intenta socavar. No obstante, el mundo no podrá avanzar realmente en torno a estas cuestiones sin cooperación y colaboración.

El rompecabezas de la inversión en China
Pese a los temores suscitados por China, nadie duda de su papel como importante potencia mundial, actor crucial en la cadena de suministro global y desarrollador de nuevas tecnologías. En definitiva, es un país que los inversores no pueden permitirse ignorar.

En BNP Paribas Asset Management creemos que China no puede faltar en una cartera equilibrada (en función de los objetivos del inversor) si tenemos en cuenta su peso creciente en los principales índices de mercado globales y sus mercados financieros cada vez más maduros: el país representa actualmente casi un 18% del PIB global y un 11% de la capitalización bursátil mundial10. Además, los activos chinos han mostrado una baja correlación con los mercados desarrollados y otros mercados emergentes, con lo que proporciona atractivas cualidades de diversificación.

El país asiático también jugará un papel importante en la evolución de la transición energética y en el desarrollo de la infraestructura asociada, así como en la necesidad de establecer un suministro más sostenible de agua y alimentos a la luz del tamaño de su población y del crecimiento de su clase media. Dicho esto, los inversores que desean tener en cuenta los criterios sociales y de buen gobierno de un enfoque ESG hacen bien en desconfiar de China.

Este es el motivo por el que consideramos los factores medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG) como un pilar de nuestro proceso de inversión, e investigamos desde todos los ángulos para asegurarnos de que las empresas en las que invertimos satisfacen nuestros estrictos criterios de inversión responsable. En nuestra opinión, no hay que preguntarse si China debe figurar o no en la cartera de un inversor, sino cómo gestionar esa inversión.

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