¿Representan los alimentos de origen vegetal la nueva revolución alimentaria?

La industria de la alimentación se halla a las puertas de una profunda transformación. Como ocurre con otras tendencias disruptivas, la tecnología es un importante motor de este cambio potencial gracias a los rápidos desarrollos en las áreas de las proteínas alternativas y los alimentos de origen vegetal. No obstante, los cambios en las preferencias del consumidor también están acelerando la demanda de opciones alimentarias alternativas, debido a la creciente preocupación en torno a los efectos para la salud de comer demasiada carne, su impacto en el cambio climático y el medioambiente, y la sostenibilidad a largo plazo del consumo de carne.

Este doble motor augura un cambio profundo e inevitable en la industria alimentaria en la próxima década. Y como es natural, toda área de disrupción conduce a oportunidades de inversión. En el presente artículo exploramos las fuerzas que impulsan esta nueva revolución alimentaria e investigamos si los alimentos de origen vegetal se están convirtiendo por fin en algo habitual.

¿Cuál es la alternativa?
Los productos de proteínas alternativas que imitan la carne convencional no son nada nuevo, pero hasta hace poco ocupaban un pequeño nicho tanto en supermercados como en restaurantes. No obstante, los avances tecnológicos están mejorando la capacidad de los alimentos de origen vegetal para igualar el sabor, la textura y el precio de la proteína animal, desencadenando una oleada de crecimiento e impulsando este mercado todavía naciente a un primer plano.

Ahora, los consumidores pueden obtener un experiencia similar a comer carne, huevos y lácteos mediante productos basados en plantas, células animales, enzimas y otros organismos. Estos productos suelen producirse mediante métodos limpios y libres de antibióticos, y a menudo tienen una huella medioambiental más baja que las prácticas tradicionales de cría de animales.

Mientras que los cereales y las verduras y hortalizas son la principal fuente de proteínas de origen vegetal, los avances en ingeniería biomédica exploran otras fuentes como la carne cultivada (donde productos cárnicos se cultivan en un laboratorio a partir de células obtenidas de tejidos de animales), pescado cultivado o celular (que puede acelerar el tiempo necesario para que el animal alcance un tamaño comestible) o desarrollos en proteínas procedentes de insectos y algas.

El flexivegetarianismo: la nueva normalidad
La expansión y la mejora de las alternativas a la carne han coincidido con un momento en que muchos consumidores (sobre todo entre las generaciones jóvenes) buscan reducir la cantidad de proteína animal en su dieta. A enero de 2021, en torno a un 14% de la población mundial (de 7,9 millones de personas) se considera vegana o vegetariana1 . Aunque este porcentaje es relativamente pequeño, está creciendo con rapidez. Por ejemplo, el número de veganos en los Estados Unidos aumentó en un 600% entre 2017 y 20182. Adoptando un enfoque más amplio, existe un movimiento flexivegetariano creciente, de consumidores principalmente vegetarianos que consumen carne o pescado de forma ocasional.

La creciente demanda de alimentos alternativos también ha elevado la variedad de productos disponibles. En 2018, el número de productos veganos en toda Europa aumentó en un 52% respecto al año previo3. Incluso McDonald’s vende ahora una hamburguesa McVegan, lo cual sugiere que la transición de nicho a corriente principal ya está bien avanzada.

Consumo consciente
La tendencia de mayor consumo de alimentos de origen vegetal es de ámbito mundial, incluido el universo emergente. ¿Qué ha motivado este cambio? La preocupación por el bienestar de los animales ha sido desde siempre el motivo tradicional para no comer carne. No obstante, la creciente concienciación de los sustanciales beneficios que reporta a la salud una dieta mayoritariamente de origen vegetal, entre ellos un colesterol LDL bajo y una menor probabilidad de sufrir infartos o enfermedades cardíacas, se ha convertido en un factor clave. Otro aspecto a tener en cuenta es el considerable impacto medioambiental (o “huella”) del consumo de carne: su producción contribuye al cambio climático, a la contaminación, a la deforestación, a las emisiones de metano (el ganado representa un 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero o GEI) y a la pérdida de biodiversidad4. La pandemia también ha puesto de relieve las malas condiciones de trabajo en mataderos y plantas de procesamiento de carne, cuando el COVID-19 hizo estragos en estos centros, trastocando la producción y creando escasez de productos cárnicos.

La adopción de una dieta de legumbres, judías y sustitutos de carne veganos y de laboratorio puede ayudar a reducir el efecto de calentamiento global de los GEI y a rediseñar un sistema alimentario ineficiente y dañino. Los fabricantes de hamburguesas hechas de proteínas alternativas afirman que la huella de carbono de sus productos es un 90% más baja que la asociada a una hamburguesa hecha de carne de vacuno, al utilizar un 87% menos de agua y un 96% menos de tierra. Así, una dieta flexivegetariana quizá sea la que todos deberíamos adoptar. Los científicos nos han advertido de que para mantener bajo control las subidas de la temperatura global tenemos que comer menos carne, consumir menos azúcar, beber menos leche y comer más vegetales, hortalizas, frutos secos y semillas.

Transformando la industria alimentaria
Pese a la reciente expansión de la industria de las proteínas alternativas, los expertos sugieren que todavía le queda margen de crecimiento al generalizarse la concienciación en torno al consumo alimentario. The Boston Consulting Group ha pronosticado que el sector será siete veces más grande en 20355 y representará un 11% del mercado total de proteínas.

Se anticipa que tal potencial de crecimiento transformará el mercado cárnico mundial, que según Naciones Unidas y el Banco Mundial está valorado actualmente en 1 billón de dólares. Y la necesidad de cambio es apremiante: se ha calculado que los niveles actuales de comida solamente alimentarán a la mitad de la población mundial de cara a 2050. También se anticipa que las iniciativas dirigidas a reducir las emisiones de carbono y limitar el cambio climático acelerarán esta tendencia, con la introducción de nuevas regulaciones para respaldar la transición de la producción pecuaria a proteínas alternativas.

Nuevos entrantes disruptores
Este giro en los hábitos nutricionales creará inevitablemente oportunidades en toda la cadena de valor de la industria alimentaria. Los productores y procesadores existentes se ven obligados a adaptar sus modelos de negocio, y los minoristas alimentarios proporcionan un mejor acceso y visibilidad a estos productos. Estas nuevas empresas también aplican tecnologías disruptivas (como la biología sintética, la inteligencia de datos, la inteligencia artificial, el aprendizaje automatizado y la robótica) para espolear esta transformación.

Algunos ejemplos de estas nuevas tecnologías son la ingeniería de microbios (que permite producir proteínas animales a través de biología sintética), la tecnología CRISPR (modificación de genes dentro de organismos) para mejorar el sabor de las frutas y las verduras, y la producción de carne mediante la agricultura celular. También se están desarrollando fuentes de proteínas de origen vegetal, y es posible modificar metabólicamente las plantas para producir nutrientes concretos.

Además, ya se dispone de tecnología para perfeccionar y ampliar estas iniciativas nuevas y actuales, lo cual en última instancia debería permitir lograr la paridad con la producción cárnica tradicional (cuando el sabor, la textura y el precio de las proteínas alternativas se aproximen mucho a los logrados con proteínas de origen animal).

Una oportunidad de inversión sostenible
Por si la perspectiva de ingresos de proteínas alternativas (estimada en 290.000 millones de dólares de cara a 20356) no bastara para atraer el interés de la industria de la inversión, las elevadas credenciales ESG y de sostenibilidad del sector representa un incentivo adicional para los inversores.

En la actualidad, este mercado está fragmentado y se compone de muchas pequeñas empresas. No obstante, estas compañías ya están atrayendo capital riesgo y también podrían ser objetivos de adquisición atractivos para actores ya establecidos de la vieja economía interesados en reposicionarse incorporando marcas de sustitutos de carne en sus modelos de negocio. Según datos del Good Food Institute, un grupo estadounidense de investigación y presión sobre proteínas alternativas, la financiación de empresas de nueva creación en este segmento totalizó 3100 millones de dólares en 2020, una cifra considerablemente superior a los 1000 millones obtenidos el año previo7.

Es alentador constatar que el crecimiento del sector no solo eleva la sostenibilidad de la cadena de suministro alimentaria, sino que también lo hace más resistente a conmociones sanitarias y económicas: se anticipa que estas acciones tendrán niveles muy bajos de exposición a eventuales recesiones y ciclicidad, atributos de inversión atractivos en el trasfondo económico de La Gran Inestabilidad.

Una solución para abordar varios de los problemas del mundo
Los alimentos de origen vegetal y las proteínas alternativas ofrecen una solución a varios de los problemas más apremiantes a los que se enfrenta el planeta: cómo alimentar de forma sostenible a la población mundial; cómo reducir las emisiones de carbono generadas por la cadena de suministro alimentaria; cómo combatir dolencias como la creciente obesidad; y cómo abordar las cuestiones éticas de la agricultura industrial y el bienestar animal. Si esto no basta para demostrar el potencial de crecimiento del sector, sus credenciales ESG y el auge del consumo consciente subrayan su posición como una opción de inversión atractiva.

La transformación de la industria alimentaria será disruptiva, pero la disrupción crea oportunidades para los inversores con una mentalidad investigadora. El BNP Paribas SMaRT Food (fondo de alimentación sostenible de BNP Paribas Asset Management) se propone descubrir aquellas empresas relacionadas con la alimentación que proporcionan soluciones concretas a retos medioambientales específicos. Creemos que esta estrategia es muy apropiada para inversores conscientes de la sociedad y el medioambiente que desean beneficiarse de compañías que desarrollan soluciones para reducir la contaminación, combatir el cambio climático y proporcionar alimentos de mayor calidad.

La mención de la compañía anterior en el presente artículo se realiza únicamente con fines ilustrativos. Así, no constituye incitación alguna a la compra de dichos valores, ni ningún tipo de recomendación o asesoramiento de inversión.

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