Dando marcha atrás a la degradación de los ecosistemas

El volumen de la discusión en torno al cambio climático aumentó a lo largo de 2020, pues la pandemia dio pie a una mayor concienciación y aceptación de la necesidad de actuar con urgencia. No obstante, ¿qué forma debería adoptar esta actuación? La tan necesaria transición hacia fuentes energéticas sostenibles está ganando tracción, pero existen otras áreas difíciles de abordar que no atraen tanta atención.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) está tratando de cerrar esta brecha con su iniciativa Decenio sobre la Restauración de los Ecosistemas. ¿En qué consiste esta admirable causa, y cómo puede beneficiar a los inversores?
La necesidad apremiante de restaurar los ecosistemas dañados
Los ecosistemas son fundamentales para mantener la vida en el planeta, pero estos preciosos recursos y hábitats no siempre se tratan con respeto. Décadas de sobreutilización, consumo excesivo y desatención han conducido a la destrucción o seria degradación de muchos ecosistemas vitales. Esta situación no es sostenible: al ritmo actual de consumo…! se necesitaría el equivalente de 1,6 Tierras para producir todos los recursos que utilizamos cada año!1.

Afortunadamente, no es demasiado tarde para actuar. Los esfuerzos de restauración de los ecosistemas pueden prevenir, detener e incluso dar marcha atrás a la degradación de ecosistemas en todos los continentes y en todos los océanos. Reducir la contaminación del aire, del mar y del agua, mejorar el control de inundaciones y elevar la sostenibilidad de la agricultura pueden ayudar a combatir el cambio climático y evitar la extinción masiva de especies, pero el tiempo apremia. De ahí la urgencia de la iniciativa Decenio de la ONU, que se implementará de 2021 a 2030 en línea con el plazo establecido para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) concentrados en la pobreza, el hambre, la salud, el agua, las ciudades, el clima, los océanos y la tierra.
En cambio, si se toman medidas para restaurar estos ecosistemas en peligro, las ventajas logradas serían tanto económicas como medioambientales. Por ejemplo, la restauración de 350 millones de hectáreas de ecosistemas terrestres y acuáticos degradados de cara a 2030 podría generar 9 billones de dólares en servicios relacionados y eliminar 26 gigatoneladas de gases de efecto invernadero (GEI) de la atmósfera2.
Protegiendo la contribución económica de la naturaleza
Aunque no siempre se reconoce, la naturaleza es uno de los activos económicos más productivos del mundo. Esto significa que la amenaza para sus ecosistemas (incluyendo bosques, pastos y arrecifes de coral) y la pérdida de biodiversidad asociada podrían restar casi 10 billones de dólares a la economía global de cara a 2050, según estimaciones de la ONU. Estas pérdidas obedecerían al descenso de los rendimientos agrícolas y de las capturas de pescado, y a la mayor exposición a desastres naturales.
Para alimentar la restauración de los ecosistemas hay que invertir
La iniciativa del Decenio de la ONU se propone intensificar la restauración de los ecosistemas a nivel global y encarrilar al mundo hacia un futuro sostenible. Esto no solo implicará generar impulso político, sino que también dará pie a numerosas oportunidades para empresas, comunidades y personas que requerirán contribuciones de inversión significativas.
De hecho, las estimaciones sugieren que la restauración de los ecosistemas podría crear 6 billones de dólares en oportunidades de inversión de cara a 20303, divididas entre los tres grandes sistemas socioeconómicos: recursos oceánicos e hídricos; agricultura, silvicultura y alimentación; y ciudades y edificios sostenibles.
Por lo tanto, ¿en qué pueden consistir estas oportunidades?
Recursos oceánicos e hídricos
Los ecosistemas acuáticos sustentan la vida de miles de millones de personas, ayudan a regular el clima, generan la mitad del oxígeno necesario en la Tierra y alimentan el ciclo del agua. Sin embargo, pese a su importancia, se ven amenazados. Toneladas de residuos plásticos están dañando a los océanos, la sobrepesca pone en peligro la sostenibilidad de las poblaciones ícticas, y nuestros sistemas de agua dulce se ven contaminados por vertidos cloacales y químicos.
Afortunadamente, este daño no es irreversible. Mediante acuerdos políticos, la pesca puede tornarse sostenible; el consumo de agua puede reducirse con un mejor reciclaje e irrigación agrícola, y las sustancias contaminantes pueden tratarse antes de que alcancen los sistemas hídricos.
Agricultura, silvicultura y alimentación
Los ecosistemas terrestres son la base de la vida a través del suministro alimentario, los hábitats para organismos y la biodiversidad. Las tierras cultivables son quizá nuestro ecosistema más vital, pero la producción alimentaria corre peligro debido a los excesos de cultivo y de uso de fertilizantes, y a la dependencia excesiva en un puñado de especies vegetales: solo nueve de ellas (incluidos el arroz, el maíz y el trigo) representan dos tercios de la producción agrícola mundial4.
La ciencia ya ofrece un abanico de soluciones, desde la agricultura vertical hasta la mejora de la eficiencia de cultivo y el fomento de la biodiversidad. No obstante, estos remedios efectivos carecen actualmente de escala y deberían adoptarse de forma más generalizada para producir un cambio real.
La creciente demanda de superficie agrícola también ha amplificado la deforestación y el drenaje de turberas. Estos dos ecosistemas son cruciales en la lucha contra el cambio climático, y pueden restaurarse fácilmente plantando especies de árboles nativas en terreno agrícola en desuso, integrando bosques en entornos más urbanizados y rehumidificando turberas degradadas. Estas soluciones suelen ser de bajo coste y de baja tecnología, pero tendrían un impacto elevado.
Ciudades y edificios sostenibles
Los ecosistemas urbanos también son vitales para nuestro modo de vida, pero la contaminación asociada es responsable de 7 millones de muertes al año5. Este no tiene por qué ser el caso. Ciudades de todo el mundo están implementando programas exhaustivos para alejarse de los modelos lineales de “extraer, producir y tirar” y adoptar economías circulares concentradas en mejorar la gestión de residuos. Los fabricantes de moda están lanzando iniciativas en las que los consumidores no compran ropa sino que la “toman prestada”, para luego reciclarse y reconvertirse en otros productos.
Se están limpiando y desarrollando bosques, canales y vías fluviales urbanas para crear espacios públicos más limpios y sanos, y se emplean pavimentos permeables y humedales urbanos para proteger frente a las inundaciones y la contaminación. La innovación tecnológica también está conduciendo al desarrollo de ciudades inteligentes, que pueden reducir los atascos de tráfico y respaldar un uso más generalizado de energía limpia.
Movilizando a la comunidad inversora
La ONU hace bien en subrayar la necesidad de restaurar nuestros ecosistemas, y sus esfuerzos deberían hacer que el tema recibe la atención que merece a nivel gubernamental. Dicho esto, para lograr verdaderamente el impacto deseado, la restauración de los ecosistemas necesitará el respaldo de todos los actores, tanto públicos como privados. La alternativa es, sencillamente, inaceptable.
En BNP Paribas Asset Management creemos que la comunidad inversora puede jugar un papel importante a la hora de generar la financiación necesaria a través de varias iniciativas. Puede elevar la concienciación entre los inversores institucionales y particulares sobre las oportunidades genuinas que ofrece la transición hacia un mundo más sostenible, y promocionar este tema brindando acceso a soluciones de inversión responsable. También puede iniciar el diálogo con empresas en todos los sectores, para asegurar que mejoran sus propios criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG).
Estamos plenamente comprometidos con el respaldo de la transición hacia un mundo mejor, más saludable y más sostenible en todos los ecosistemas. Para ello buscamos las mejores oportunidades alineadas con los objetivos de inversión a largo plazo de nuestros clientes, con su interés por contribuir a un futuro más verde y con su deseo de tener un impacto positivo.

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