¿Un nuevo capítulo para EE.UU.?

Todo apunta a que el cambio político en los Estados Unidos afectará de incontables maneras al futuro del país y del mundo. Pero, ¿cuánto margen de maniobra tiene Biden realmente, y cómo reaccionarán los mercados?
Tras unas elecciones en las que todos contuvimos el aliento, el demócrata Joe Biden será el 46º presidente de los Estados Unidos. Pese a la posibilidad de recuentos y acciones legales iniciadas por la actual administración, los mercados ya han repuntado con fuerza al haber disminuido la incertidumbre. No obstante, el apoyo a Biden ha sido más apagado de lo que se esperaba, y todavía no está claro quién controlará el Congreso. En la era de la Gran Inestabilidad, ¿qué factores influirán en la política estadounidense y se verán afectados por ella?
Con Georgia en la mente
Los demócratas han mantenido la mayoría en la Cámara de Representantes, aunque esta se ha comprimido. Sin embargo, Biden necesita también el apoyo del Senado para poner en práctica su programa. Actualmente, los demócratas tienen 48 senadores, y los republicanos 50. En la segunda vuelta electoral de Georgia, en enero de 2021, se asignarán dos escaños. Solo si los demócratas consiguen ambos controlarán la cámara alta del Congreso, gracias al voto de calidad con el que cuenta la vicepresidenta Kamala Harris. En cualquier caso, sus esperanzas de una mayoría sólida en el Senado se han esfumado, y las prácticas obstruccionistas (que permiten que 41 senadores bloqueen la mayoría de las leyes) dificultarán las cosas. Los republicanos parecen tener ventaja en Georgia, pero debido a los recientes cambios demográficos, sería prematuro descartar una victoria demócrata.
De la agenda legislativa…
Aun así, ¿qué planea Biden en el ámbito legislativo? Aparte de la contención del virus y del estímulo fiscal para acelerar la recuperación, el presidente electo ha prometido inversiones en infraestructura y ampliar la cobertura del seguro médico. Las empresas y las personas con rentas altas tendrán que pagar más impuestos como parte de un marco más amplio dirigido a corregir la desigualdad, lo cual quizá implique un papel mayor del gobierno en la vida de los ciudadanos de lo que es tradicional en los Estados Unidos.
Otras políticas incluyen el salario mínimo federal, la participación de los sindicatos en la fijación de salarios y el cumplimiento de la legislación laboral ya existente. Además, algunos demócratas siguen interesados en reexaminar las leyes sobre la competencia y tomar más medidas para contener el poder de las grandes tecnológicas y otras fuentes de influencia corporativa. En tiempos como estos, en que las variables globales están más interconectadas que nunca, estas políticas tendrían implicaciones importantes en el mercado. ¿Pero las conseguirán aprobar los demócratas?
… a los primeros pasos del ejecutivo
Entretanto, la atención se centrará en los decretos ley presidenciales, como por ejemplo los dirigidos a abordar la pandemia, a reincorporar al país en el Acuerdo de París y a revertir la purga de normativas medioambientales. No obstante, todas las miradas estarán puestas en quién elegirá Biden para llevar su administración.
Colaboraciones controvertidas
¿Mantendrá el presidente electo su promesa de representar a todos los estadounidenses? De momento, ha invitado a republicanos a hablar en la convención demócrata de agosto y puede que incluya a algunos en su equipo, lo cual frustrará a ciertas camarillas de su partido. El deseo de derrotar a Trump había enterrado la mayoría de los desacuerdos internos, que ahora quizá vuelvan a emerger (como sucedió durante unos días en la campaña electoral, con el debate sobre la urgencia de reformar el Tribunal Supremo).
Eventuales divisiones similares en torno a cualquier reforma tendrían un coste elevado, especialmente teniendo en cuenta que, en el mejor de los casos, una eventual mayoría en el Senado sería mínima. ¿Con qué agresividad deberían perseguir estos objetivos los demócratas? La primera respuesta la tendremos en quién elija Biden para acompañarle en su administración.
Más allá de las fronteras
La política exterior también acaparará una gran atención. Trump consideraba un engaño las alianzas y el libre comercio global, y se enorgullecía de su propia impredecibilidad. Biden adoptará un enfoque más tradicional, cimentado en su gran experiencia en asuntos exteriores.
Aunque seguirá habiendo escepticismo sobre las bondades del libre comercio, no va a imponer de repente aranceles a países como Canadá en aras de la “seguridad nacional”. Un planteamiento menos errático debería ayudar a tranquilizar a las empresas que operan las cadenas de suministro globales y que dependen de estas. No obstante, el mayor desafío en política exterior es cómo tratar con China.
Guerras comerciales y tecnológicas
Con Trump, Estados Unidos y China veían el comercio y la tecnología de manera muy diferente, a lo cual es posible que Biden añada un elemento de derechos humanos. Aun así, es posible que Trump y Biden coincidan en algunos problemas, pero no en las soluciones.
Aunque republicanos y demócratas apoyan una postura más dura frente a China y Pekín ve que sus relaciones ya no serán tan benignas como en la etapa anterior a Trump, se percibe a la administración Biden como más tratable. Con su base en el multilateralismo, es probable que esta se oponga a los aumentos arancelarios unilaterales y que vuelva a reducirlos, lo cual redundaría positivamente en el comercio y en el tipo de cambio del renminbi.
No obstante, dar marcha atrás a estas medidas no será fácil, y Biden decidirá tras consultar con sus aliados. Entretanto, ¿ofrecerá China condiciones favorables para facilitar las negociaciones y cumplir con sus compromisos en el acuerdo comercial “de primera fase”?
Además, poner fin a la guerra comercial no acabará necesariamente con la guerra tecnológica. En los Estados Unidos existe un gran consenso sobre la restricción del acceso de China a las tecnologías de importancia fundamental. Es poco probable que Biden revierta los controles de Trump a las exportaciones de tecnología; de hecho es posible que aumenten, si bien con menos frecuencia. En cualquier caso, Biden tratará con más flexibilidad los asuntos de seguridad nacional relacionados con la tecnología, y hasta es posible que algunas compañías a ambos lados puedan tomarse un respiro.
Relaciones diplomáticas
La postura de Biden sobre Taiwán y el mar de China Meridional es mantener el statu quo, respetando al mismo tiempo la política de una sola China y la Ley de Relaciones con Taiwán; asimismo, pretende volver a entrar en el acuerdo nuclear con Irán. Además, es posible que Biden reactive el diálogo económico y estratégico con China y reabra los consulados de Chengdu y Houston.
También puede que Pekín intente cooperar en los ámbitos del cambio climático y la energía. Biden se ha fijado el ambicioso objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono en 2050, y Xi Jinping se ha comprometido a hacer lo mismo de cara a 2060.
Una mirada a los mercados
Por último, ¿cómo influirán estos desenlaces inciertos en los mercados? El estímulo fiscal aumentaría los ingresos, fomentaría el gasto y crearía puestos de trabajo. En el pasado, la Reserva Federal estadounidense tendía a reaccionar a las expansiones fiscales subiendo los tipos de interés con rapidez, para evitar un brote de inflación. Pero después del verano pasado, ¿no habrá agotado sus opciones la política monetaria? De ser así, el crecimiento dependería exclusivamente de la política fiscal. Todo apunta a que la inflación y las TIR de la deuda pública permanecerán bajas y que el proceso de “japonización” de la economía continuará.
La reacción inicial del mercado de renta variable al resultado de las elecciones fue desmantelar las apuestas por la “ola azul”, que anticipaban cambios importantes en las áreas de energía, finanzas, sanidad y tecnología. Pero ahora, con la perspectiva de cambios normativos y legislativos más limitados debido a la incertidumbre en el Congreso, el estímulo fiscal pasa a ser el motor restante. ¿Logrará aprobarse? ¿En qué sectores? ¿Y cuál será su envergadura? Estos serán los puntos clave de atención para los inversores.
Por supuesto, no podemos olvidarnos del COVID-19. Aunque el reciente anuncio de resultados mejores de lo previsto en el desarrollo de vacunas ha impulsado las cotizaciones de los activos de riesgo, el número de contagios no deja de aumentar. Los mercados equilibrarán los riesgos inmediatos para el crecimiento con lo que debería ser una perspectiva más positiva a medio plazo.
Por último, cabe argumentar que la improbabilidad de una “ola azul” a corto plazo podría traducirse asimismo en la ausencia de subidas impositivas o de reajustes regulatorios. Los mercados no siempre consiguen lo que desean, pero a veces obtienen lo que necesitan.
Conclusión
Como la inestabilidad puede crear oportunidades, las consecuencias de unas elecciones tan importantes en el tornadizo mundo actual merecen mucha atención. En BNP Paribas Asset Management contemplamos la inversión desde todos los ángulos. Aunque algo pueda parecer agobiante desde un punto de vista, también puede presentar una verdadera oportunidad de crecimiento. Este es el motivo por el que investigamos antes de invertir, mirando más allá de los titulares para explorar lo bueno, lo malo y lo feo del mundo de hoy en día.

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