CRÉDITO NO COTIZADO: ¿Es posible lograr estabilidad de forma responsable?

Aunque el crédito no cotizado brinda cierto refugio frente a la impredecibilidad de la economía actual, la creciente atención prestada a los filtros medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG) plantea un reto para los inversores institucionales: ¿Cómo gestionar de forma efectiva la volatilidad e invertir al mismo tiempo de forma responsable?
En la era de la Gran Inestabilidad, la volatilidad sin precedentes en los mercados cotizados y la perspectiva de continuación de unos tipos de interés bajos están socavando la confianza de los inversores. Muchos de ellos están explorando alternativas para lograr rentas estables y predecibles a largo plazo, como los mercados de deuda corporativa no cotizada. Con su gran diversificación gracias a un amplio abanico de motores de riesgo y rentabilidad, su menor exposición a los altibajos del sentimiento de los inversores y un volumen estimado de 1 billón de dólares1, estos mercados también permiten a los inversores financiar el crecimiento de la economía real.
Aunque el nivel de actividad de préstamo directo podría reducirse a lo largo de 2020 debido al impacto del COVID-19, esto todavía significa que surgirán incluso más oportunidades para los inversores institucionales con horizontes a largo plazo. No obstante, ¿puede un paso de los mercados cotizados a los privados ofrecer el mismo nivel de selección y de control en términos de sostenibilidad?
EL PAPEL DE LOS FACTORES ESG
Utilizados inicialmente para la aplicación de criterios de exclusión, los factores ESG o de inversión sostenible han evolucionado con rapidez. Hoy en día, su evaluación en inversiones tradicionales ha demostrado tener una correlación positiva con la rentabilidad2, especialmente con horizontes a largo plazo.
Además de este hecho, los inversores también son conscientes del impulso regulatorio hacia la inversión sostenible. La UE se propone respaldar el Pacto Verde Europeo canalizando la inversión hacia la transición a una economía climáticamente neutra, complementando los fondos públicos que van a reservar los gobiernos individuales3. Los esfuerzos internacionales para combatir el cambio climático se han redoblado, y acuerdos como la COP21 de París obligan a los inversores institucionales a considerar riesgos financieros relacionados con el clima tanto en la construcción de sus carteras como en la información que publican al respecto. Además, desde la crisis financiera global, los reguladores están pidiendo a los inversores que se concentren en el buen gobierno de las empresas (un aspecto considerado actualmente como de importancia sistémica para la economía mundial) con objeto de fomentar una economía más representativa e inclusiva.
No cabe duda de que las regulaciones están influyendo en gran medida en la libertad de los inversores, pero estos nuevos requisitos también conllevan oportunidades significativas. La transición energética está creando perspectivas de inversión atractivas, junto a otros temas medioambientales como la polución del aire, del mar y del agua, la deforestación, la gestión de residuos, el agotamiento de los recursos y la biodiversidad. Así, para los inversores deseosos de alejarse de la naturaleza incierta de los mercados cotizados y de asignar al mismo tiempo su capital de forma sostenible y responsable, ¿existen oportunidades para combinar estos dos objetivos?
DE PREGUNTARSE «SI»…
Durante cierto tiempo, la inversión ESG permaneció relegada a la renta variable cotizada, la clase de activo en la que vio la luz. Sin embargo, prestar dinero a compañías no cotizadas a través de una lente ESG podría permitir a los inversores crear valor sostenible a largo plazo en línea con sus creencias, ayudando al mismo tiempo a la economía real a enderezarse de nuevo.
En los mercados no cotizados, algunos inversores en renta variable han adoptado prácticas ESG, al hallarse en una posición más sólida si cabe para influir en las empresas subyacentes que los inversores en acciones cotizadas. De este modo, pueden beneficiarse directamente —y quizá con mayor rapidez— del mejor gobierno corporativo y acceder a una gama creciente de oportunidades. Aun así, todavía existen retos a la hora de aplicar y beneficiarse de los factores ESG cuando uno toma decisiones de inversión y mantiene una perspectiva general.
Evaluar activos de infraestructura o de propiedad inmobiliaria comercial es bastante distinto a evaluar préstamos a pequeñas y medianas empresas (pymes), por ejemplo. Estos últimos tienden a ser relativamente pequeños, las políticas de responsabilidad social corporativa (RSC) suelen estar ausentes, la diversidad del equipo directivo podría ser irrelevante, y a menudo no hay datos disponibles. Ello exige aplicar procesos ESG personalizados al crédito no cotizado para asegurar una gestión significativa de estos riesgos.
… A AVERIGUAR «CÓMO»
Aunque un argumento habitual de los tenedores de deuda no cotizada es que los propietarios de proyectos individuales se hallan en mejor posición de gestionar y monitorizar los riesgos ESG, este no tiene por qué ser el caso. La interacción directa con los patrocinadores de proyectos nos permite verificar presuposiciones clave en materia de ESG y cuestionar sus prácticas de negocio.
Otro elemento del atractivo de la deuda no cotizada para inversores concentrados en la sostenibilidad es la posibilidad de participar directamente en la elaboración de cláusulas, umbrales y descargos incluidos en las condiciones del préstamo para asegurar que se satisfacen medidas financieras clave. Estos umbrales también pueden incorporar indicadores de desempeño ESG en línea con la política general del inversor.
LA INESTABILIDAD CREA OPORTUNIDADES
Incluso antes del brote de COVID-19, las naciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) pasaban apuros para satisfacer las crecientes necesidades de infraestructura energética, social y de transporte para sostener los niveles de actividad económica. Ahora, el papel de la inversión es más crucial que nunca.
El apuntalamiento y reconstrucción de una economía paralizada exigirán el lanzamiento de un número significativo de proyectos de ámbito gubernamental financiados con una combinación de capital público, bancario y privado. En este contexto, todo apunta a que las ventajas ESG de proyectos individuales jugarán un papel sin precedentes en la evaluación de ofertas y propuestas en concursos y licitaciones públicas.
EXPERIENCIA REAL EN LA ECONOMÍA REAL
En definitiva, existen soluciones para integrar factores ESG al crédito no cotizado, sumando así ventajas a su amplitud y profundidad, posibilidades de diversificación, flujos de caja a largo plazo, liquidez y financiación segura en un mundo inestable. Y cuanto mayor sea la experiencia, mejores serán estas soluciones.
El Grupo BNP Paribas lleva más de 150 años prestando dinero a la economía real en el Reino Unido, y la división de gestión (BNP Paribas AM) tiene una amplia experiencia global originando y gestionando operaciones de crédito no cotizado para inversores institucionales. En nuestra división de activos reales y deuda no cotizada no buscamos operaciones con pocas cláusulas de protección, ya que la capacidad de remediar o reestructurar emisiones brinda a los inversores la mayor protección frente a caídas y es particularmente pertinente a la luz del reciente malestar en el mercado. Colaborar con nosotros brinda a los inversores acceso a un proceso que incorpora los conocimientos y experiencia de nuestros equipos de inversión para ayudarles a navegar el complejo mundo de la inversión y su sinfín de variables interconectadas.
1How Private Equity Credit Soared to Fuel Private Equity Boom, Kelsey Butler, Bloomberg Businessweek, 22 de septiembre de 2019, consultado el 25 de marzo de 2020.
2Friede, Busch & Bassen, 2015
3https://ec.europa.eu/info/business-economy-euro/banking-and-finance/sustainable-finance_en

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