Adaptarse al rechazo

¿Estamos asistiendo a un cambio de tendencia nocivo para las empresas superestrella con actividades transnacionales? En Investigator examinamos si la globalización está en retirada y lo que esto significa para quienes invierten en compañías que dependen de la expansión internacional para crecer.
Tras una época en que el multinacionalismo y el libre comercio se consideraban cruciales para la economía mundial, los países han pasado a atrincherarse tras muros nacionales e ideológicos. En 2018, la administración Trump prohibió al gigante tecnológico chino Huawei desarrollar actividades en los Estados Unidos. La medida no fue mero postureo político, sino una señal clara de que estamos entrando en una nueva era. En un futuro que estará dominado por la tecnología, los datos y la inteligencia artificial, el gobierno estadounidense decidió que brindar a una tecnológica extranjera acceso a sus redes de comunicaciones representaba un peligro para su seguridad nacional (e indudablemente, para su propia industria tecnológica).
Las superestrellas notan el frío
Un grupo relativamente pequeño de empresas superestrella se ha convertido en el motor del crecimiento de la bolsa estadounidense. Los inversores se han montado en esta ola de sentimiento positivo, volcándose en firmas conocidas con indudable entusiasmo, pero ¿podrán estas superestrellas mantener su ritmo al alza y seguir cumpliendo las expectativas? Esto supone un reto complicado para cualquier compañía, incluso aquellas que cuentan con tanta fidelidad.
La seguridad nacional no es el único peligro percibido para las superestrellas. Un aspecto esencial a este respecto es el acceso a los datos, que preocupa cada vez más a gobiernos y organismos reguladores. Existe una presión regulatoria generalizada, e iniciativas como el RGPD han endurecido considerablemente las reglas de recopilación y uso de datos. Y como los principales impulsores de la revolución digital, las tecnológicas superestrella son las que se enfrentan al mayor escrutinio.
Lo que se teme es que estas compañías se sientan poco obligadas a emplear de forma responsable el poder excesivo que detentan. Estas empresas tienen niveles sin precedentes de información sobre nuestras vidas, con potencial de minar más todavía mediante la tecnología que tienen insertada en nuestras vidas. El gran hermano quizá no nos vigile, pero es imposible descartar del todo la sospecha de que Alexa y Siri sí lo hagan.
¿Existen señales de aversión frente a las grandes tecnológicas? Es posible. No cabe duda de que el público ha respondido ante el creciente control que ejercen estas empresas sobre nuestras vidas. Los gigantes estadounidenses y chinos del sector están siendo acusados de prácticas monopolísticas, de haber empleado su dominio del mercado para ahogar a la competencia y de encerrarnos a todos en sus plataformas celosamente protegidas. Las revelaciones recientes sobre prácticas discutibles en el pasado —sobre todo en los acuerdos fiscales de estas empresas— han suscitado más peticiones de regulación del sector.
¿Se levantarán murallas, o no tiene sentido retar a las superestrellas dada su envergadura?
Existen claros indicios de que el paisaje político está cambiando. Las guerras comerciales dominan las noticias, ahora que Estados Unidos, China, la UE, el Reino Unido y otras potencias económicas reexaminan los tratados existentes.
Un pequeño grupo de empresas ha pasado a dominar ciertos sectores, y el peso de las superestrellas en la economía estadounidense ha aumentado. Esto ha conllevado una caída de la proporción del PIB atribuible al trabajo. Tal reasignación del capital a expensas de la remuneración de los trabajadores ha contribuido al aumento de la desigualdad de renta y será un tema potencialmente candente de cara a las elecciones de noviembre.
El proteccionismo ha vuelto a la agenda global, y las superestrellas podrían encontrarse con que su capacidad para crecer y ampliar sus beneficios se ve bloqueada por la perspectiva de aranceles, “impuestos tecnológicos”, regulación, multas, investigaciones antimonopolio y, en algunos casos, fragmentación obligatoria. En este contexto, podría resultarles más difícil mantener su presencia en mercados existentes y penetrar en nuevas áreas.
¿Qué significa esto para los inversores? Estamos viendo esfuerzos conscientes de reguladores y gobiernos regionales dirigidos a fomentar la competencia local frente a los grandes actores globales. Mientras que las superestrellas se encuentran con obstáculos en su camino, los favoritos locales podrían gozar del favor (tácito o manifiesto) de las autoridades.
Las oportunidades para las superestrellas
Pese a todo lo anterior, el panorama de los gigantes tecnológicos mundiales está lejos de ser sombrío. Los gobiernos todavía les hacen la corte, conscientes de que necesitan a estas empresas para la implementación de grandes proyectos de infraestructura como la red 5G. Además de crear puestos de trabajo y aportar crecimiento económico, influyen sobre cuestiones importantes para la sociedad como la educación, la protección del medioambiente y la salud. La revolución digital no hará más que acelerarse, y los gigantes tecnológicos son los mejor situados para hacerla realidad. No obstante, la tendencia también puede volver a cambiar.
Lo que está claro es que la empresas superestrella deberán actuar con sumo cuidado para equilibrar las necesidades de los mercados locales y globales, y su desempeño futuro dependerá de su capacidad para adaptarse.
En BNP Paribas Asset Management adoptamos un enfoque de inversión muy bien fundado, en el que toda decisión se basa en un análisis detallado de factores económicos, geopolíticos y comerciales. Enfocamos estas cuestiones desde el punto de vista de empresas y de países para evaluar la idoneidad de las inversiones.
Nuestros equipos de inversión monitorizan atentamente los riesgos y oportunidades de las empresas consagradas, sin perder de vista a nuevos rivales bien posicionados para aprovechar un entorno comercial en constante evolución.
La mención de compañías específicas en el presente artículo se realiza únicamente con fines ilustrativos. Así, no constituye incitación alguna a la compra de dichos valores, ni ningún tipo de recomendación o asesoramiento de inversión.
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