¿Grandes y malas o grandes y bellas?

Una gran corporación sin rostro explota de manera implacable a sus trabajadores oprimidos y saquea los recursos naturales del planeta con la única intención de obtener beneficios a cualquier precio. Hasta que un héroe rebelde le planta cara al sistema…
¿Te suena de algo? Es la trama argumental de muchas novelas y películas de un futuro distópico, desde Un mundo feliz hasta Avatar. Ciencia ficción, al menos hasta ahora. Pero ¿es solo fantasía o hay un elemento de clarividencia en relación al poder creciente de las empresas superestrella?
Es lógico que las personas recelen por naturaleza de las empresas de gran éxito. ¿Cómo es posible que hayan alcanzado una posición tan dominante sin haber incurrido en prácticas poco éticas? ¿Y les permite su tamaño y poder descomunal esquivar el control y la regulación?
Las empresas superestrella en el banquillo de los acusados
Las superestrellas suponen un dilema para los inversores en busca de acciones que equilibren rentabilidad y responsabilidad. Pocas compañías, y en especial las grandes, son del todo virtuosas. Se ha de evaluar si sus contribuciones a la economía y a la sociedad en general tienen más peso que unas prácticas de negocio y de gobierno corporativo ocasionalmente cuestionables.
Primero, el alegato de la defensa. No cabe duda de que las empresas superestrella han democratizado los mercados y dado a los consumidores más opciones, más capacidades y precios más bajos. Considera cómo Amazon ha propiciado la aparición de miles de pequeñas empresas que dependen de su plataforma para comerciar. O cómo Apple empodera a la gente para que sea más creativa a través de la tecnología, y cómo Google e internet han liberado el mercado y, con ello, bajado los precios. Todas ellas contribuyen positivamente a nuestras vidas.
Asimismo, estas empresas dan empleo a muchísima gente. Comunidades enteras y millones de personas dependen de ellas para su sustento, y contribuyen de una manera enorme al erario público. Según la propia empresa, Apple es actualmente quien paga más impuestos de todo el mundo: ya solo en concepto de impuesto de sociedades ha desembolsado más de 35.000 millones de dólares en los últimos tres años.
Y ahora, el pliego de cargos. Algunas superestrellas han sido acusadas de aprovechar su posición dominante en el mercado para mantener los salarios bajos y obligar a sus proveedores a reducir precios. Otras han utilizado su influencia política para evitar la normativa o diluirla. Pese a promocionar hasta la saciedad sus credenciales verdes, sus historiales medioambientales son, en el mejor de los casos, irregulares. Cada vez más, los gobiernos ponen en duda algunas de sus prácticas contables más “creativas”. De hecho, algunos países europeos se disponen a aplicar un “impuesto tecnológico” a los gigantes tecnológicos estadounidenses para contrarrestar esto, una medida que amenaza con dar pie a una guerra comercial con Washington.
Interactuar con las superestrellas
Así pues, ¿qué puede hacer un inversor “responsable” para cerciorarse de que las empresas superestrella en las que invierte tienen corazón de verdad? En BNP Paribas Asset Management, la sostenibilidad es uno de los pilares de nuestra filosofía de inversión, por ello examinamos a las empresas más y de forma especialmente rigurosa:
  • Usamos nuestra influencia como grandes inversores para dirigir a las compañías hacia un futuro sostenible, hablando con ellas, colaborando y vigilando su gobierno corporativo.
  • Establecemos una relación con las empresas y dialogamos con ellas para fomentar la sostenibilidad y las prácticas éticas en todos los niveles de su negocio.
  • Como miembros de la Iniciativa de Red Global (GNI), monitorizamos a los gigantes tecnológicos en lo relativo a derechos civiles, privacidad, acceso a los datos y libertad de expresión individual.
El papel del inversor
El debate continuará, con opiniones firmes a ambos lados. ¿Es la función principal de una empresa mantener contentos a sus accionistas, o debería concentrarse más bien en influir de forma positiva en el conjunto de la sociedad? La respuesta, obviamente, no es blanca o negra. Pocas compañías superestrella tienen un historial intachable, y pocas son tan malas como suele pintarlas la gente. Queda en nuestras manos, como inversores responsables, la labor constante de ponerlas en tela de juicio y asegurarnos de que la sostenibilidad y la responsabilidad sean prioritarias en sus agendas.
La mención de valores específicos en el presente artículo se realiza únicamente con fines ilustrativos. Así, no constituye incitación alguna a la compra de dichos valores, ni ningún tipo de recomendación o asesoramiento de inversión.
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